Literalmente, Rodrigo Cuevas (Oviedo, 1985) es incapaz de estarse quieto. Mueve sus manos y rodillas, saluda con dos besos efusivos y corretea con su vasito de agua por la sala dispuesta en la discográfica hasta que por fin se sienta en una silla con forma de mano junto a la ventana, que da a un paseo de la Castellana encogido por el sol mediocre de marzo.
Tampoco se está quieto en lo musical, en lo que verdaderamente importa: desde que en 2019 publicara su primer álbum, su Manual de cortejo, se ha convertido en una potencia imparable gracias a su folk y su gracia, a su acento y su pureza; su incuestionable estilo, que alcanzó aquello que los críticos siesos llaman madurez o cénit con su segundo trabajo, Manual de Romería, es tan reconocible al mascarlo como un chicle de melón. Es un orgullo del activismo LGTBIQ+, del misticismo rural asturianu, de la mismita alegría y belleza.
De hecho, sobre belleza misma va su tercer disco: Manual de Belleza, para no fallar con el catálogo de nombres; un ejercicio de exploración y soltura lírica con algo de acento puertorriqueño sobre el que va a hablarnos Rodrigo Cuevas en esta entrevista, aprovechando que ahora está sentado frente a una Castellana que poco a poco se va nublando:
El artista asturianu presenta ‘Manual de Belleza’, su tercer y divertido disco
Literalmente, Rodrigo Cuevas (Oviedo, 1985) es incapaz de estarse quieto. Mueve sus manos y rodillas, saluda con dos besos efusivos y corretea con su vasito de agua por la sala dispuesta en la discográfica hasta que por fin se sienta en una silla con forma de mano junto a la ventana, que da a un paseo de la Castellana encogido por el sol mediocre de marzo.
Tampoco se está quieto en lo musical, en lo que verdaderamente importa: desde que en 2019 publicara su primer álbum, su Manual de cortejo, se ha convertido en una potencia imparable gracias a su folk y su gracia, a su acento y su pureza; su incuestionable estilo, que alcanzó aquello que los críticos siesos llaman madurez o cénit con su segundo trabajo, Manual de Romería, es tan reconocible al mascarlo como un chicle de melón. Es un orgullo del activismo LGTBIQ+, del misticismo rural asturianu, de la mismita alegría y belleza.
De hecho, sobre belleza misma va su tercer disco: Manual de Belleza, para no fallar con el catálogo de nombres; un ejercicio de exploración y soltura lírica con algo de acento puertorriqueño sobre el que va a hablarnos Rodrigo Cuevas en esta entrevista, aprovechando que ahora está sentado frente a una Castellana que poco a poco se va nublando:
20MINUTOS.ES – Cultura
