Los valores de ElXokas: el streamer con los ideales del revés

ElXokas cree que defiende ideales. De hecho, cree que atesora ideales. Pero alguien tiene que decírselo: Xokas, insultar a las mujeres, tener la casa echa una pocilga y fardar de ganar más en una promoción «que unos padres trabajando 20 años» no son ideales. La rabia, el insulto, la cabezonería y la fanfarronería son solo las pataletas de las amarguras del odio.

Pero nos han repetido tanto aquello de que todas las opiniones son respetables, aunque una opinión no sirva de demasiado sin conocimiento, que un hombre en la edad del pavo perpetua piensa que es libre por estar tirado en el sofá soltando bravuconadas por su incontinente boca. ElXokas no es más que eso. Y su éxito, con más de 12 millones de seguidores, representa el magnetismo de la inconsciencia de hablar antes de pensar, de sentirse voz de una hombría que se daba golpes en el pecho por la seguridad que otorga el privilegio del desconocimiento.

Xocas es el máximo exponente actual del “que hablen de mí, aunque sea para mal”. La realidad le ha reafirmado tal idea que no ideal. Y cada polémica le visibiliza con más fuerza. Incluso le multiplica los followers. Así ha naturalizado la cizaña social como su alimento. Con esta trayectoria, muchos se preguntan: cómo es posible que nadie de Burger King se anticipara al problema que se les venía encima por fichar al streamer para una jugosa campaña. Muy fácil: priorizaron la trampa del número de seguidores a la personalidad del preescriptor.

Antes, los anunciantes intentaban que sus marcas se asociaran a valores contrastados. Lo lograban contratando para sus spots a grandes deportistas, cantantes o actores que representaban un talento, un esfuerzo, un sueño… incluso una responsabilidad social.

Pero, ahora, estamos en la generación de los atajos para lograr la meta. Se elige la visibilidad rápida que supone contratar a alguien que ya atesora unos millones asegurados de audiencia. La métrica gana, en esta edad de oro de unas redes sociales que se consumen con tal celeridad que nos cuesta hasta diferenciar qué es libertad y qué es machacar al prójimo. Porque libertad es convivencia, no soltar delante del micrófono la primera barbaridad que se te pasa por la cabeza. Distinción básica que se ve que tampoco fueron capaces de discernir los de la hamburguesa Wooper. Es lo que provoca la gente como ElXokas: viven de la polémica que parasita a los demás. Pringan a cualquiera que se acerque a ellos. Es su modo de operaciones naturalizado. No saben desenvolverse de otra forma. Y lo sacan mucho partido. Sin embargo, para una marca el «que hablen de ti aunque sea para mal», spoiler, siempre termina saliendo mal. Acabas siendo antipático a ojos de la sociedad. Para un polemista la irritación puede ser rentable durante unos años, pero para vender las grasas saturadas de tu empresa de comida rápida no puedes parecer el matón de clase, ese que siempre pisoteaba a los débiles para sentirse fuerte.

 Nos empieza a costar discernir qué es libertad y qué es mala educación.  

ElXokas cree que defiende ideales. De hecho, cree que atesora ideales. Pero alguien tiene que decírselo: Xokas, insultar a las mujeres, tener la casa echa una pocilga y fardar de ganar más en una promoción «que unos padres trabajando 20 años» no son ideales. La rabia, el insulto, la cabezonería y la fanfarronería son solo las pataletas de las amarguras del odio.  

Pero nos han repetido tanto aquello de que todas las opiniones son respetables, aunque una opinión no sirva de demasiado sin conocimiento, que un hombre en la edad del pavo perpetua piensa que es libre por estar tirado en el sofá soltando bravuconadas por su incontinente boca. ElXokas no es más que eso. Y su éxito, con más de 12 millones de seguidores, representa el magnetismo de la inconsciencia de hablar antes de pensar, de sentirse voz de una hombría que se daba golpes en el pecho por la seguridad que otorga el privilegio del desconocimiento.

Xocas es el máximo exponente actual del “que hablen de mí, aunque sea para mal”. La realidad le ha reafirmado tal idea que no ideal. Y cada polémica le visibiliza con más fuerza. Incluso le multiplica los followers. Así ha naturalizado la cizaña social como su alimento. Con esta trayectoria, muchos se preguntan: cómo es posible que nadie de Burger King se anticipara al problema que se les venía encima por fichar al streamer para una jugosa campaña. Muy fácil: priorizaron la trampa del número de seguidores a la personalidad del preescriptor.

Antes, los anunciantes intentaban que sus marcas se asociaran a valores contrastados. Lo lograban contratando para sus spots a grandes deportistas, cantantes o actores que representaban un talento, un esfuerzo, un sueño… incluso una responsabilidad social.

Pero, ahora, estamos en la generación de los atajos para lograr la meta. Se elige la visibilidad rápida que supone contratar a alguien que ya atesora unos millones asegurados de audiencia. La métrica gana, en esta edad de oro de unas redes sociales que se consumen con tal celeridad que nos cuesta hasta diferenciar qué es libertad y qué es machacar al prójimo. Porque libertad es convivencia, no soltar delante del micrófono la primera barbaridad que se te pasa por la cabeza. Distinción básica que se ve que tampoco fueron capaces de discernir los de la hamburguesa Wooper.  Es lo que provoca la gente como ElXokas: viven de la polémica que parasita a los demás. Pringan a cualquiera que se acerque a ellos. Es su modo de operaciones naturalizado. No saben desenvolverse de otra forma. Y lo sacan mucho partido. Sin embargo, para una marca el «que hablen de ti aunque sea para mal», spoiler, siempre termina saliendo mal. Acabas siendo antipático a ojos de la sociedad. Para un polemista la irritación puede ser rentable durante unos años, pero para vender las grasas saturadas de tu empresa de comida rápida no puedes parecer el matón de clase, ese que siempre pisoteaba a los débiles para sentirse fuerte.

 20MINUTOS.ES – Televisión

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