Por qué el PNV y Junts no quieren apoyar la moción de censura que reclama de nuevo Feijóo para poder tumbar a Sánchez

La política española atraviesa una nueva fase de tensión creciente a raíz de la crisis de Ceuta por la llegada de más de 70.000 migrantes desde Marruecos a la ciudad autónoma española a finales de julio. Este acontecimiento, que provocó duras críticas de numerosos países de la Unión Europea contra el Gobierno de Pedro Sánchez, principalmente de Italia y Dinamarca, unido a los numerosos casos de corrupción acumulados, ha derivado en que el PP haya vuelto a solicitar un cambio de rumbo en la legislatura. En concreto, el presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, ha vuelto a insistir en la posibilidad de presentar una moción de censura si el PNV y Junts la apoyaran.

Sin embargo, los socios parlamentarios que apoyaron la investidura de Pedro Sánchez, incluidas las dos formaciones de centro derecha que lideran Aitor Esteban y Carles Puigdemont, se resisten a dar ese paso que rompería el equilibrio que sostiene al Gobierno del PSOE y de Sumar.

En concreto, la propuesta de Feijóo de presentar una moción de censura en 48 horas si PNV o Junts retiran su apoyo al Ejecutivo ha reabierto el debate sobre la viabilidad real de esa iniciativa. La respuesta de ambos partidos ha sido clara: no habrá moción de censura, y no la habrá porque la operación exigiría el apoyo de Vox, un partido con el que los nacionalistas vascos y catalanes mantienen una distancia política y territorial que consideran insalvable.

El PNV rechaza cualquier operación en la que esté Vox

El PNV, aunque ha dado por finiquitada la legislatura tras la condena a prisión del ex ministro Ábalos, también ha reiterado públicamente que no respaldará «ninguna moción de censura que dependa de los votos de Vox». Aitor Esteban ha insistido en que su formación no participará en una maniobra que implique alinearse, aunque sea indirectamente, con un partido que, dice, cuestiona el autogobierno vasco y defiende una recentralización profunda del Estado. Esteban ha añadido que el PNV busca evitar un superdomingo electoral en 2027, consciente de que una moción fallida podría desestabilizar el calendario político y abrir un escenario de incertidumbre institucional.

Los nacionalistas vascos consideran que un eventual apoyo a una moción de censura en el Congreso de los Diputados, con el apoyo del PP y también de Vox, que tumbara al Gobierno de Pedro Sánchez, podría tener un coste electoral significativo para la formación jeltzale en el País Vasco.

En la actualidad, el PNV gobierna el Ejecutivo autonómico vasco en coalición con el Partido Socialista, además de las tres diputaciones forales, los tres ayuntamientos más importantes (Bilbao, San Sebastián y Vitoria), y decenas de consistorios medianos y pequeños.

Bildu, socios de Sánchez y al alza en Euskadi

Bildu, que también apoyó a Pedro Sánchez en el Congreso de los Diputados, es otro socio clave para los socialistas en el sostenimiento del Gobierno de España. La formación que lidera Arnaldo Otegi ha facilitado, por ejemplo, la aprobación de leyes clave (como la Ley de Vivienda o la reforma laboral).

También han sellado pactos de gran relevancia, como la prórroga completa de las medidas del «escudo social» (con la prohibición de desahucios vulnerables o el mantenimiento del bono social eléctrico). A cambio de su apoyo a Sánchez, Bildu consiguió la alcaldía de Pamplona tras desalojar a Unión del Pueblo Navarro (UPN) mediante una moción de censura que apoyó el Partido Socialista. Además, han logrado romper su histórico aislamiento político institucional así como, por ejemplo, competencias de tráfico en Navarra: las perdió la Guardia Civil en beneficio de la Policía Foral navarra.

En el PNV saben que Bildu está al alza en Euskadi, donde casi existe una situación de empate técnico en las encuestas entre ambas formaciones y temen que un eventual apoyo al PP (y Vox) en Madrid pudiera aprovecharlo la formación independentista vasca de izquierdas para superarles electoralmente. Y, además, se abriría más la posibilidad de que el Partido Socialista pudiera llegar a entenderse con la formación de Otegi, al sentirse ‘traicionados’ por el PNV. Por todo ello, el líder de Bildu advirtió al PNV que apoyar una moción de censura o adelantar las elecciones generales sería «abrirle la puerta» a PP y Vox: «Pocas bromas».

Junts y Puigdemont, también alejados de Vox

En Junts, la posición es igual de contundente. La dirección afirmó que una moción impulsada por el PP «ni se ha planteado» y que el partido no entrará en ninguna operación que requiera sumar los votos de Vox. Para la formación de Carles Puigdemont, el partido de Santiago Abascal representa la negación de su proyecto político: oposición frontal al independentismo, rechazo a la plurinacionalidad y defensa de un modelo territorial incompatible con cualquier acuerdo.

No obstante, los nacionalistas catalanes, a los que también beneficia desgastar políticamente a los socialistas tanto en Madrid como en Cataluña, no cierran del todo el apoyo a una hipotética moción de censura, siempre y cuando esta fuera de carácter ‘instrumental’, es decir, para nombrar a un presidente técnico que simplemente convocara nuevas elecciones, no para investir a Feijóo como quiere el PP.

Feijóo ha intentado presionar a ambos partidos apelando a la situación judicial del entorno socialista y a la idea de un «arrebato de dignidad», así como buscando el apoyo de la clase empresarial vasca y catalana. Ha insistido en que Sánchez vive en un «ciclo de corrupción» y ha pedido su dimisión y la convocatoria de elecciones, asegurando que «esto es el fin de la escapada». Pero ni PNV ni Junts están dispuestos a convertirse en la palanca de una moción que, para prosperar, necesitaría una mayoría que a día de hoy parece imposible. La aritmética parlamentaria es clara: sin Vox, el PP no tiene los números; con Vox, los nacionalistas no estarán.

Sánchez, aparentemente tranquilo

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, consciente de esas dificultades casi insalvables para que una eventual moción de censura prosperara, ha respondido con firmeza en diversas intervenciones en el Congreso de los Diputados, pese a ser consciente también de su extrema debilidad por los casos de corrupción.

Sánchez aseguró que sus socios «no retirarán su apoyo» y que solo existen «dos vías para acabar la legislatura», ninguna de las cuales se dará. Sánchez mantiene que la estabilidad parlamentaria está garantizada y que no contempla adelantar elecciones. Su estrategia pasa por resistir la presión mediática y política y confiar en que PNV y Junts mantendrán su compromiso mientras no se crucen líneas rojas judiciales.

Felipe González y Aznar exigen elecciones a Sánchez

Las voces de los expresidentes del Gobierno han añadido más ruido al debate. El socialista Felipe González aseguró que, tras la sentencia del caso Ábalos-Koldo-Aldama, Sánchez «ya tendría que haber convocado elecciones». El popular José María Aznar, por su parte, reclamó también la convocatoria de comicios anticipados, pero señaló que él no presentaría una moción de censura porque «no se va a ganar y punto», una reflexión que contrasta con la estrategia de Feijóo y que subraya la dificultad real de la operación.

Un tablero político convulso

El tablero político se mueve entre presiones cruzadas. El PP busca desgastar al Gobierno y proyectar la imagen de un presidente en situación de extrema debilidad parlamentaria y sostenido por socios incómodos tanto de izquierda como de centro derecha.

Abascal (Vox), por su parte, acusa a Sánchez de sentirse «impune» gracias al apoyo de sus aliados. Junts y PNV endurecen el discurso, pero mantienen la estabilidad parlamentaria. Y el Gobierno intenta resistir en un clima marcado por causas judiciales, tensiones internas y un desgaste evidente.

La conclusión es nítida: la moción de censura no parece tener recorrido real. No lo tiene por números, por estrategia y por coherencia política. PNV y Junts no apoyarán una iniciativa que dependa de Vox, y Feijóo no puede construir una mayoría alternativa sin ellos. La legislatura sigue en pie, frágil pero sostenida, y el debate sobre la moción se convierte en un síntoma más de la tensión que atraviesa la política española también en pleno verano.

 Las formaciones nacionalistas vascas y catalanas rechazan secundar una propuesta que también deberían contar con el apoyo de Vox, un partido político que consideran totalmente opuesto por su modelo territorial de España.  

La política española atraviesa una nueva fase de tensión creciente a raíz de la crisis de Ceuta por la llegada de más de 70.000 migrantes desde Marruecos ala ciudad autónoma española a finales de julio. Este acontecimiento, que provocó duras críticas de numerosos países de la Unión Europea contra el Gobierno de Pedro Sánchez, principalmente de Italia y Dinamarca, unido a los numerosos casos de corrupción acumulados, ha derivado en que el PP haya vuelto a solicitar un cambio de rumbo en la legislatura. En concreto, el presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, ha vuelto a insistir en la posibilidad de presentar una moción de censura si el PNV y Junts la apoyaran. 

Sin embargo, los socios parlamentarios que apoyaron la investidura de Pedro Sánchez, incluidas las dos formaciones de centro derecha que lideran Aitor Esteban y Carles Puigdemont, se resisten a dar ese paso que rompería el equilibrio que sostiene al Gobierno del PSOE y de Sumar. 

En concreto, la propuesta de Feijóo de presentar una moción de censura en 48 horas si PNV o Junts retiran su apoyo al Ejecutivo ha reabierto el debate sobre la viabilidad real de esa iniciativa. La respuesta de ambos partidos ha sido clara: no habrá moción de censura, y no la habrá porque  la operación exigiría el apoyo de Vox, un partido con el que los nacionalistas vascos y catalanes mantienen una distancia política y territorial que consideran insalvable.

El PNV rechaza cualquier operación en la que esté Vox

El PNV, aunque ha dado por finiquitada la legislatura tras la condena a prisión del ex ministro Ábalos, también ha reiterado públicamente que no respaldará «ninguna moción de censura que dependa de los votos de Vox». Aitor Esteban ha insistido en que su formación no participará en una maniobra que implique alinearse, aunque sea indirectamente, con un partido que, dice, cuestiona el autogobierno vasco y defiende una recentralización profunda del Estado. Esteban ha añadido que el PNV busca evitar un superdomingo electoral en 2027, consciente de que una moción fallida podría desestabilizar el calendario político y abrir un escenario de incertidumbre institucional.

Los nacionalistas vascos consideran que un eventual apoyo a una moción de censura en el Congreso de los Diputados, con el apoyo del PP y también de Vox, que tumbara al Gobierno de Pedro Sánchez, podría tener un coste electoral significativo para la formación jeltzale en el País Vasco. 

En la actualidad, el PNV gobierna el Ejecutivo autonómico vasco en coalición con el Partido Socialista, además de las tres diputaciones forales, los tres ayuntamientos más importantes (Bilbao, San Sebastián y Vitoria), y decenas de consistorios medianos y pequeños.

Bildu, socios de Sánchez y al alza en Euskadi

l secretario general de EH Bildu, Arnaldo Otegi, durante su intervención en una jornada dirigida a su militancia con el lema “Bat Egin Eguna” organizada este sábado en Bilbao.
El secretario general de EH Bildu, Arnaldo Otegi..EFE

Bildu, que también apoyó a Pedro Sánchez en el Congreso de los Diputados, es otro socio clave para los socialistas en el sostenimiento del Gobierno de España. La formación que lidera Arnaldo Otegi ha facilitado, por ejemplo, la aprobación de leyes clave (como la Ley de Vivienda o la reforma laboral). 

También han sellado pactos de gran relevancia, como la prórroga completa de las medidas del «escudo social» (con la prohibición de desahucios vulnerables o el mantenimiento del bono social eléctrico). A cambio de su apoyo a Sánchez, Bildu consiguió la alcaldía de Pamplona tras desalojar a Unión del Pueblo Navarro (UPN) mediante una moción de censura que apoyó el Partido Socialista. Además, han logrado romper su histórico aislamiento político institucional así como, por ejemplo, competencias de tráfico en Navarra: las perdió la Guardia Civil en beneficio de la Policía Foral navarra.

En el PNV saben que Bildu está al alza en Euskadi, donde casi existe una situación de empate técnico en las encuestas entre ambas formaciones y temen que un eventual apoyo al PP (y Vox) en Madrid pudiera aprovecharlo la formación independentista vasca de izquierdas para superarles electoralmente. Y, además, se abriría más la posibilidad de que el Partido Socialista pudiera llegar a entenderse con la formación de Otegi, al sentirse ‘traicionados’ por el PNV. Por todo ello, el líder de Bildu advirtió al PNV que apoyar una moción de censura o adelantar las elecciones generales sería «abrirle la puerta» a PP y Vox: «Pocas bromas».

Junts y Puigdemont, también alejados de Vox

En Junts, la posición es igual de contundente. La dirección afirmó que una moción impulsada por el PP «ni se ha planteado» y que el partido no entrará en ninguna operación que requiera sumar los votos de Vox. Para la formación de Carles Puigdemont, el partido de Santiago Abascal representa la negación de su proyecto político: oposición frontal al independentismo, rechazo a la plurinacionalidad y defensa de un modelo territorial incompatible con cualquier acuerdo. 

Miriam Nogueras, Carles Puigdemont y Jordi Turull en la reunión de Junts en Perpiñán
Miriam Nogueras, Carles Puigdemont y Jordi Turull en una reunión de Junts en PerpiñánEuropa Press 2025

No obstante, los nacionalistas catalanes, a los que también beneficia desgastar políticamente a los socialistas tanto en Madrid como en Cataluña, no cierran del todo el apoyo a una hipotética moción de censura, siempre y cuando esta fuera de carácter ‘instrumental’, es decir, para nombrar a un presidente técnico que simplemente convocara nuevas elecciones, no para investir a Feijóo como quiere el PP.

Feijóo ha intentado presionar a ambos partidos apelando a la situación judicial del entorno socialista y a la idea de un «arrebato de dignidad», así como buscando el apoyo de la clase empresarial vasca y catalana. Ha insistido en que Sánchez vive en un «ciclo de corrupción» y ha pedido su dimisión y la convocatoria de elecciones, asegurando que «esto es el fin de la escapada». Pero ni PNV ni Junts están dispuestos a convertirse en la palanca de una moción que, para prosperar, necesitaría una mayoría que a día de hoy parece imposible. La aritmética parlamentaria es clara: sin Vox, el PP no tiene los números; con Vox, los nacionalistas no estarán.

Sánchez, aparentemente tranquilo

Carles Puigdemont y Pedro Sánchez.
Pedro Sánchez y Carles Puigdemont, en una imagen de archivo.SERVIMEDIA

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, consciente de esas dificultades casi insalvables para que una eventual moción de censura prosperara, ha respondido con firmeza en diversas intervenciones en el Congreso de los Diputados, pese a ser consciente también de su extrema debilidad por los casos de corrupción. 

Sánchez aseguró que sus socios «no retirarán su apoyo» y que solo existen «dos vías para acabar la legislatura», ninguna de las cuales se dará. Sánchez mantiene que la estabilidad parlamentaria está garantizada y que no contempla adelantar elecciones. Su estrategia pasa por resistir la presión mediática y política y confiar en que PNV y Junts mantendrán su compromiso mientras no se crucen líneas rojas judiciales.

Felipe González y Aznar exigen elecciones a Sánchez

La primera vez en la que dos candidatos a presidente del Gobierno se enfrentaron en un debate televisivo fue en 1993, con Felipe González y José María Aznar como protagonistas. Con una duración de más de dos horas, el primero de los debates se celebró en los estudios de Antena 3 y estuvo moderado por Manuel Campo Vidal, mientras que el segundo, en Tele-5, lo condujo Luis Mariñas. Aznar, que abrió el primer debate, lo había preparado concienzudamente junto a su equipo de asesores políticos y de imagen. Resultó vencedor según la mayoría de las encuestas. Al lunes siguiente, los dos aspirantes se vieron las caras de nuevo. En esta ocasión, en un clima más tenso y crispado. Se lo llevó "a los puntos" el candidato socialista.
Felipe González y Aznar.Europa Press

Las voces de los expresidentes del Gobierno han añadido más ruido al debate. El socialista Felipe González aseguró que, tras la sentencia del caso Ábalos-Koldo-Aldama, Sánchez «ya tendría que haber convocado elecciones». El popular José María Aznar, por su parte, reclamó también la convocatoria de comicios anticipados, pero señaló que él no presentaría una moción de censura porque «no se va a ganar y punto», una reflexión que contrasta con la estrategia de Feijóo y que subraya la dificultad real de la operación.

Un tablero político convulso

El tablero político se mueve entre presiones cruzadas. El PP busca desgastar al Gobierno y proyectar la imagen de un presidente en situación de extrema debilidad parlamentaria y sostenido por socios incómodos tanto de izquierda como de centro derecha. 

Abascal (Vox), por su parte, acusa a Sánchez de sentirse «impune» gracias al apoyo de sus aliados. Junts y PNV endurecen el discurso, pero mantienen la estabilidad parlamentaria. Y el Gobierno intenta resistir en un clima marcado por causas judiciales, tensiones internas y un desgaste evidente.

La conclusión es nítida: la moción de censura no parece tener recorrido real. No lo tiene por números, por estrategia y por coherencia política. PNV y Junts no apoyarán una iniciativa que dependa de Vox, y Feijóo no puede construir una mayoría alternativa sin ellos. La legislatura sigue en pie, frágil pero sostenida, y el debate sobre la moción se convierte en un síntoma más de la tensión que atraviesa la política española también en pleno verano.

 20MINUTOS.ES – Nacional

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