Quién dijo que los imitadores estaban acabados. Que era una profesión viejuna, desfasada, que ya no hace gracia a nadie. Quizá porque en nuestro recuerdo se vienen a la cabeza aquellos sátiros que parodiaban desde la burla y no desde la inteligencia de la comedia.
La imagen nos sobreviene hasta que vemos o escuchamos a Raúl Pérez. Entonces, la risa más actual nos sobreviene. Porque sus imitaciones no se quedan solo en un tic del que mofarse, una pluma característica que sobreactuar o una coletilla que repetir. Sus imitaciones no ridiculizan desde el prejuicio y enfilan un retrato social desde la ironía que despierta el espíritu crítico.
Ahí brota la habilidad trabajada de Raúl Pérez para logra un humor de su tiempo, que mejora el programa que toca. De Ilustres Ignorantes a A las bravas. No basta con colocar la voz. Existe una base de la curiosidad de un buen guion que nos permite reconocer e incluso sentirnos reconocidos. Porque la realidad es más apasionante que la caricatura. Y, también, existe una metodología muy esforzada para no quedarse en lo evidente. E ir a los matices que definen las personalidades únicas.
Su forma de trabajo: “Veo muchos, muchos, muchos, vídeos del personaje en cuestión sin el audio y, luego, al revés, escucho, escucho, escucho sin la imagen. Después compongo las dos cosas. Así se construye el personaje en cuestión. No utilizo referencias de otras personas que imitan al personaje. También me gusta imitar personajes que no estén muy imitados. Incluso estrenar personajes que nadie haya hecho. Además, hay que estar actualizado y yo siempre veo vídeos y entrevistas de los personajes no solo de antes, sino de ahora. Porque las voces, igual que los cuerpos, van cambiando. Pedro Sánchez, por ejemplo, ha sufrido un desgaste vocal. La voz anterior era un poco más aguda, un poco más clara. Ahora su voz sufre un poco más del peso del tiempo. Con ese característico golpecito final seductor”, me explicaba Raúl Pérez hace unos años, en Julia en la Onda. Su trayectoria profesional es extensísima. Desde aquellas recordadas Las noticias de El Guiñol de Canal Plus.
Pero desde entonces no es solo una voz que imita, es un intérprete de la comedia completa que aprende de dónde viene y escucha dónde va nuestra sociedad. Hasta demostrar que no es que el oficio de la imitación se haya quedado obsoleto, es que ya no nos reímos como antes. Nos reímos como hoy.
Su forma de trabajar para crear una imitación de su tiempo.
Quién dijo que los imitadores estaban acabados. Que era una profesión viejuna, desfasada, que ya no hace gracia a nadie. Quizá porque en nuestro recuerdo se vienen a la cabeza aquellos sátiros que parodiaban desde la burla y no desde la inteligencia de la comedia.
La imagen nos sobreviene hasta que vemos o escuchamos a Raúl Pérez. Entonces, la risa más actual nos sobreviene. Porque sus imitaciones no se quedan solo en un tic del que mofarse, una pluma característica que sobreactuar o una coletilla que repetir. Sus imitaciones no ridiculizan desde el prejuicio y enfilan un retrato social desde la ironía que despierta el espíritu crítico.
Ahí brota la habilidad trabajada de Raúl Pérez para logra un humor de su tiempo, que mejora el programa que toca. De Ilustres Ignorantes a A las bravas. No basta con colocar la voz. Existe una base de la curiosidad de un buen guion que nos permite reconocer e incluso sentirnos reconocidos. Porque la realidad es más apasionante que la caricatura. Y, también, existe una metodología muy esforzada para no quedarse en lo evidente. E ir a los matices que definen las personalidades únicas.
Su forma de trabajo: “Veo muchos, muchos, muchos, vídeos del personaje en cuestión sin el audio y, luego, al revés, escucho, escucho, escucho sin la imagen. Después compongo las dos cosas. Así se construye el personaje en cuestión. No utilizo referencias de otras personas que imitan al personaje. También me gusta imitar personajes que no estén muy imitados. Incluso estrenar personajes que nadie haya hecho. Además, hay que estar actualizado y yo siempre veo vídeos y entrevistas de los personajes no solo de antes, sino de ahora. Porque las voces, igual que los cuerpos, van cambiando. Pedro Sánchez, por ejemplo, ha sufrido un desgaste vocal. La voz anterior era un poco más aguda, un poco más clara. Ahora su voz sufre un poco más del peso del tiempo. Con ese característico golpecito final seductor”, me explicaba Raúl Pérez hace unos años, en Julia en la Onda. Su trayectoria profesional es extensísima. Desde aquellas recordadas Las noticias de El Guiñol de Canal Plus.
Pero desde entonces no es solo una voz que imita, es un intérprete de la comedia completa que aprende de dónde viene y escucha dónde va nuestra sociedad. Hasta demostrar que no es que el oficio de la imitación se haya quedado obsoleto, es que ya no nos reímos como antes. Nos reímos como hoy.
20MINUTOS.ES – Televisión
