Xi Jinping poda los «árboles enfermos» del Partido Comunista

La élite política china se ha reunido esta semana. El PCCh ratifica la expulsión de 33 altos cargos mientras prepara un congreso que previsiblemente dará al presidente otros cinco años de poder Leer La élite política china se ha reunido esta semana. El PCCh ratifica la expulsión de 33 altos cargos mientras prepara un congreso que previsiblemente dará al presidente otros cinco años de poder Leer  

En el gran salón donde se ha reunido la élite del Partido Comunista Chino (PCCh), bajo el omnipresente rojo de las banderas y con los dirigentes sentados en largas hileras de mesas perfectamente alineadas, las ausencias contaban tanto como las presencias.

Hace cuatro años, cuando el presidente Xi Jinping inauguró su tercer mandato al frente del gigante asiático, 376 cuadros titulares y suplentes fueron elegidos para integrar el Comité Central, uno de los círculos más exclusivos del poder chino. Esta semana, cuando sus miembros han vuelto a reunirse en Pekín, faltaban muchos de aquellos rostros. Según los cálculos del centro de análisis de Asia Society, apenas 291 ocupan sus antiguos asientos. Casi uno de cada cuatro dirigentes ha quedado fuera de juego entre expulsiones, investigaciones, destituciones y misteriosas desapariciones de la vida pública.

Son los «árboles enfermos» a los que se ha referido Xi. En un discurso divulgado este mes por Qiushi, la revista ideológica del régimen, el líder reclamó arrancar de raíz los elementos podridos de la organización. «La lucha contra la corrupción es una batalla crucial que no podemos permitirnos perder», advirtió. Antes de plantar una nueva generación de dirigentes, Xi quiere asegurarse de eliminar las ramas que considera podridas.

El quinto pleno del XX Comité Central, una de las reuniones políticas más importantes del año en China, se ha celebrado a puerta cerrada y bajo fuertes medidas de seguridad. Los asistentes permanecieron aislados del exterior durante cuatro días para debatir el futuro del partido que gobierna a más de 1.400 millones de personas. La agenda oficial estuvo dedicada a profundizar en la disciplina interna, reforzar los mecanismos de supervisión política y cerrar las grietas institucionales que permiten la corrupción sistémica.

Pero detrás de este lenguaje burocrático se escondía una cuestión mucho más trascendental: quién sobrevivirá a la gran limpieza de Xi y quién ascenderá en la reorganización del poder prevista para el otoño de 2027.

La sangría se ha notado especialmente en el Ejército Popular de Liberación (EPL). De los siete integrantes originales de la Comisión Militar Central, el organismo que dirige las Fuerzas Armadas, apenas quedan dos, incluido el propio Xi. Entre los caídos figuran generales que habían ascendido durante su mandato y que, hasta hace poco, formaban parte de su círculo de confianza.

La clausura del pleno ha dejado un movimiento significativo en la cúpula del poder chino. Pekín ha ascendido al general Zhang Shengmin, de 68 años, al Politburó del PCCh, el círculo de poder más importante después de su Comité Permanente. Zhang no es un militar cualquiera: fue durante años el principal responsable de la campaña anticorrupción dentro del EPL.

Su ascenso devuelve la representación militar al Politburó, donde tradicionalmente había dos generales, después de que ambos cayeran en desgracia. La decisión refuerza el protagonismo político del hombre encargado de vigilar y depurar las filas de un ejército sacudido por los mayores escándalos internos de los últimos años.

El pleno también ha servido también para oficializar la magnitud de las purgas que sacuden los cimientos del poder chino. El PCCh ratificó el jueves la expulsión de 33 altos cargos civiles y militares, una extensa lista de dirigentes caídos en desgracia que incluye a Ma Xingrui, antiguo miembro del Politburó y ex secretario del Partido en Xinjiang, y al poderoso general Zhang Youxia, quien fuera vicepresidente de la Comisión Militar Central y uno de los hombres de mayor confianza de Xi dentro del Ejército.

Entre los expulsados también figuran el general Liu Zhenli, antiguo jefe del Estado Mayor Conjunto y Liu Jianchao, destacado diplomático que llegó a sonar como futuro ministro de Exteriores.

Xi ha extendido una mega campaña anticorrupción desde su llegada al poder en 2012. Primero fueron purgados los llamados «tigres», altos funcionarios y dirigentes que parecían intocables; después, miles de «moscas», pequeños cuadros de la administración. La maquinaria disciplinaria terminó alcanzando a ministros, gobernadores provinciales, jefes de grandes empresas estatales y mandos militares.

El problema es que, tantos años después, la corrupción continúa apareciendo en las propias filas que Xi ha ido continuamente renovando. El presidente ha denunciado a «los funcionarios que acatan públicamente las instrucciones mientras las sabotean en privado». Y la caída de antiguos protegidos demuestra que ni siquiera la proximidad personal al líder garantiza inmunidad.

En otoño de 2027, el siguiente Congreso del PCCh elegirá un nuevo Comité Central y reorganizará los principales órganos de dirección. Muchos de los actuales colaboradores del presidente superan las edades habituales de jubilación. Entre ellos aparecen Cai Qi, uno de sus hombres de máxima confianza; Wang Huning, principal arquitecto ideológico del régimen, y Wang Yi, rostro de la diplomacia china.

Los dirigentes nacidos a finales de los años 60 y durante los 70 esperan su oportunidad. La nueva generación deberá demostrar experiencia administrativa, conocimientos tecnológicos y, sobre todo, lealtad política. El gran interrogante no es únicamente qué jóvenes ascenderán, sino cuánto margen tendrán para desarrollar una agenda propia dentro de un sistema que va avanzando cada vez más alrededor de una sola figura.

El líder supremo no parece dispuesto a abandonar su asiento. Xi, de 73 años, se encamina hacia un cuarto mandato al frente del partido. Aunque oficialmente no existe un anuncio sobre su continuidad, no hay nadie, ni dentro ni fuera de China, que en una situación normal (que no sea por problemas de salud) apueste por un relevo en la cúspide de la segunda potencia mundial.

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