Openchip y la misión para crear la Nvidia catalana: casi 300 millones en fondos públicos, sin facturación hasta 2028 y sueldos fuera de mercado

La empresa tildada de estratégica prevé tener su primer prototipo este mismo año y busca abrochar una ronda de capital privado Leer La empresa tildada de estratégica prevé tener su primer prototipo este mismo año y busca abrochar una ronda de capital privado Leer  

Openchip es uno de los proyectos tecnológicos más intrigantes del ecosistema español. La empresa catalana firmó recibir hasta 115 millones de euros de inversión pública por el 39,99% de su capital por parte de la ‘Sepi Digital’. Una cifra que se une a otros 35 millones de euros en dos préstamos de la Generalitat, parte de ellos convertidos en acciones, así como una interesante lista de ayudas públicas: 111 millones en 2024 como parte del PERTE Chip al considerarse proyecto de gran interés europeo, otros 11 millones del Ministerio de Ciencia (accionista de la empresa través del Barcelona Supercomputing Center) para acelerar el desarrollo de sus proyectos y otras subvenciones menores procedentes de Transformación Digital e Industria. Una factura que se acerca a los 300 millones en fondos públicos por un proyecto que todas las voces, fuera y dentro del gobierno consideran «estratégico».

«Su éxito sería clave para la soberanía tecnológica», aseguran fuentes gubernamentales o cercanas al entorno catalán, pero también de fuera. Eso sí, la cantidad de fondos destinados a un proyecto creado ad hoc para recibir las primeras subvenciones europeas también ha hecho levantar cejas, especialmente entre empresarios y fondos de capital riesgo ligados a la innovación que se sorprenden por la cantidad de millones comprometidos con una empresa de nueva creación, en un país en que nunca ha sido fácil el acceso al capital a este tipo de proyectos, cuya llegada al mercado es muy lenta. En el caso de Openchip, el despliegue comercial y la facturación están previstos que lleguen en 2028, siete años después de su fundación.

Además, no falta quienes atribuyen este empuje a sus lazos con el Barcelona Supercomputing Center y Cataluña, región central en la estrategia tecnológica del Gobierno. También se vio con recelo el fichaje de Therese Jamaa, ex vicepresidenta de Huawei y conocida por ser pareja del ministro de Exteriores, José Manuel Albares, y que ha ocupado cargos en empresas de participación estatal como Hispasat.

Openchip busca desarrollar chips que luego serán fabricados por otros, un modelo similar al de Nvidia, con la que también comparten el cliente al que quieren dirigirse: empresas de supercomputación e inteligencia artificial, de ahí que el apelativo de la Nvidia catalana se haya relacionado en los últimos tiempos con la compañía, que esgrime como principal reclamo que su producto será un 30% más eficiente. Su primer hito marcado en rojo es la creación de su primer prototipo, que estará listo en 2026, según responde a preguntas de EL MUNDO el director general y financiero de la compañía, Marc Fernández.

«La previsión actual de Openchip es cumplir el hito de disponer de un prototipo durante 2026. El proyecto avanza conforme a la hoja de ruta prevista y el refuerzo financiero permitirá acelerar las fases de fabricación, validación y prueba de los diseños», apunta el directivo. El hito es clave, ya que las ayudas concedidas en 2024 marcaban el 30 de junio de este año como plazo para entregar este prototipo, si bien cabía una prórroga que permitirá cumplir con el plazo.

La gran particularidad del proyecto de Openchip más allá de su naturaleza europea es que su desarrollo se hace con RiscV, un juego de instrucciones abierto que evita pasar por los manuales de las grandes empresas estadounidense con su ahorro y libertad de acción. Esto convierte a la empresa en una pieza interesante para estos inversores industriales, a cuya entrada está supeditado el desembolso de los fondos de la ‘Sepi Digital’.

«Openchip busca incorporar inversores estratégicos con conocimiento del sector de los semiconductores, capacidad industrial y comercial, presencia internacional y una visión de largo plazo. La compañía mantiene conversaciones con diferentes potenciales inversores, pero no puede confirmar identidades mientras las negociaciones estén en curso», remarca Fernández.

A favor del caso de Openchip está un equipo que ha sumado talento de todo el mundo y repatriado el nacional. De hecho, su CEO, Cesc Guim, se incorporó al proyecto tras ocupar altos cargos en Intel. La compañía suma 300 empleados, una parte importante en un nuevo hub en Dublín, pero también en oficinas en Italia, Irlanda y Alemania, además de Barcelona y una pequeña representación en Madrid.

El desarrollo del proyecto se aceleró a partir de las ayudas recibidas en 2024, pero la sociedad se constituyó en 2021 y estaba dominada accionarialmente por GTD, a un 54%, mientras que un 46% pertenecía al Barcelona Supercomputing Center. Esto no impidió que el Gobierno en varias ocasiones presumiera de Openchip como uno de los proyectos internacionales que habían llegado al país en 2022, cuando la actividad de la sociedad seguía siendo muy baja.

La captación de fondos privados no ha sido fácil tampoco. Fuentes financieras consultadas por EL MUNDO apuntan a que una de las alertas para los inversores españoles fueron las altas remuneraciones que cobra la cúpula de la compañía. Las últimas cuentas disponibles son las de 2024, el año en que la empresa arrancó. Ahí se ve que los seis directivos que integraban la cúpula de la sociedad cobraron 2,2 millones de euros, un salario medio que se acerca a los 370.000 euros, muy por encima de lo que suelen cobrar en el mercado los equipos directivos de empresas emergentes, que suelen tener su salario más ligado a las acciones que garantizan el alineamiento con el futuro de la empresa. Se desconoce la evolución en 2025 en un sector como la microelectrónica en el que la inflación salarial es elevada.

En esta línea, la Generalitat concedió un préstamo de urgencia para dar aire a la compañía hasta que cerrara la ronda de financiación que tiene un curso, un préstamo que ha devenido en la toma del 5% del capital y la obligación de establecer «mejoras de gobernanza», una sugerencia a la que Fernández le quita importancia y atribuye a una recomendación genérica dado la creciente dimensión de la empresa y su capitalización. El principal paso ha sido el fichaje de un ex referente del Ibex como Tobías Martínez, fundador de Cellnex, como presidente de la sociedad.

También ha habido un giro en los activos con la externalización al IMEC belga del departamento de software para centrar la compañía únicamente en los chips y el hardware, un movimiento que la compañía engloba en una alianza entre ambas instituciones. «Openchip e IMEC se están trabajando de forma conjunta en una nueva iniciativa (AI Hardware Hub) enfocada en la evaluación y estandarización de sistemas AI europeos», subraya Fernández, al frente de un proyecto en el que la apuesta es muy alta.

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