De la Guardia Civil a crear su propia escuela de pilotos de drones: la reconversión de José Orozco, el militar que quiso salvar vidas desde el aire tras una misión en el volcán de La Palma

El Grupo BlueDrone factura más de 400.000 euros y ha formado a 2.000 profesionales en solo dos años Leer El Grupo BlueDrone factura más de 400.000 euros y ha formado a 2.000 profesionales en solo dos años Leer  

José Orozco nunca imaginó que acabaría pilotando su futuro profesional desde el aire… y menos, con un dron. A sus 48 años, este gaditano compagina su trabajo en la Guardia Civil con la dirección de Grupo BlueDrone, una empresa especializada en formación y asesoría de aeronaves no tripuladas que, en apenas dos años, se ha expandido por toda España. Su trayectoria es un ejemplo de reinvención profesional impulsada por una misión en el volcán de La Palma que cambió para siempre su forma de entender una tecnología que apenas gateaba cuando él inició su andadura profesional.

«Sinceramente, nunca pensé que terminaría dedicándome a esto», reconoce. Ni siquiera su mujer esperaba ese giro profesional. «Todavía hoy me dice: ‘No sé cómo ese cerebro ha sido capaz de tener esa visión'», comenta entre risas en conversación con EL MUNDO. La vocación de servicio ha marcado toda su carrera. Con 18 años ingresó en la Infantería de Marina, donde permaneció dos décadas como cabo primero en el Tercio de Armada (TEAR) de San Fernando (Cádiz). Aunque siempre había querido formar parte de la Guardia Civil, el límite de edad para acceder al cuerpo parecía haber frustrado ese objetivo.

Todo cambió cuando una reforma amplió la edad máxima de ingreso hasta los 40 años. Con 39, rodeado de aspirantes veinteañeros, superó las pruebas físicas, teóricas, de idiomas y una exigente entrevista personal. Tras pasar por la academia y hacer prácticas en Vejer de la Frontera, fue destinado al Puerto de Barcelona en la especialidad de Fiscal y Fronteras y posteriormente consiguió regresar a Andalucía para incorporarse al Grupo de Reserva y Seguridad (GRS) de Sevilla, una de las unidades de élite de la Guardia Civil.

El verdadero catalizador de su giro profesional llegó en 2021, durante el despliegue de su unidad en La Palma tras la erupción del volcán. Aunque cuando llegó la actividad eruptiva ya había cesado, tuvo la oportunidad de acompañar a científicos del Instituto Geográfico Nacional y observar cómo trabajaban junto a la Unidad Militar de Emergencias. Fue allí donde vio por primera vez un dron utilizado con fines profesionales.

«Aquello me abrió completamente la visión», recuerda. Hasta entonces, asociaba estos dispositivos únicamente al ocio, pero comprobar cómo permitían inspeccionar con seguridad un terreno todavía peligroso y transmitir información en tiempo real le hizo entender su enorme potencial para las emergencias. Desde ese momento combate una idea que considera equivocada. «Un dron no es un juguete, es una herramienta profesional que puede salvar vidas y, precisamente por eso, necesita formación y un uso responsable», afirma.

De vuelta a Sevilla comenzó a formarse por su cuenta hasta obtener las titulaciones de piloto, instructor y radiofonista. Poco después vivió una experiencia que terminaría de impulsar su proyecto empresarial: mientras realizaba un vuelo en su propia finca, varias patrullas de la Guardia Civil acudieron tras detectarse una operación no autorizada en un espacio aéreo restringido. Aquello le hizo comprender el gran desconocimiento que existía sobre la normativa y la necesidad de formar a futuros pilotos.

Así nació BlueDrone, un nombre que combina el azul del cielo con el color asociado a los cuerpos policiales. Conseguida la autorización de compatibilidad, arrancó su aventura empresarial. Y lo que comenzó como un pequeño proyecto de formación en San Fernando se ha convertido en una empresa con presencia nacional. Su modelo funciona de forma similar a una autoescuela. La formación teórica se hace online a través de la Agencia Estatal de Seguridad Aérea (AESA) y BlueDrone imparte la formación práctica obligatoria como entidad oficialmente reconocida.

Actualmente dispone de sedes en Madrid, Sevilla, Barcelona, Valencia, Canarias… y acaban de inaugurar su primera oficina provincial propia en Chiclana de la Frontera. Un crecimiento que acompaña a los resultados. La compañía ya supera los 400.000 euros de facturación anual, cifra que le ha permitido convertirse en distribuidor autorizado del fabricante DJI, líder mundial del sector.

En solo dos años han formado a más de 2.000 pilotos, entre ellos, profesionales de Cruz Roja Española, del Grupo de Emergencias y Salvamento (GES) de Canarias, miembros del Ejército, fuerzas policiales o trabajadores que participan en proyectos agrícolas impulsados por UGT y la Diputación de Cádiz. Además, ofrecen asesoramiento técnico a empresas en proyectos relacionados con la protección de infraestructuras críticas..

Para Orozco, el verdadero potencial de los drones va mucho más allá de la fotografía aérea o el uso recreativo. La incorporación de sensores, cámaras térmicas e inteligencia artificial está permitiendo revolucionar las labores de búsqueda y rescate, la prevención de incendios o la gestión de emergencias. «Son nuestros ojos en el aire. Nos proporcionan capacidad de reacción porque, en una emergencia, cada minuto y cada segundo cuentan», enfatiza.

Los drones ya permiten localizar personas desaparecidas en barrancos, inspeccionar edificios dañados antes de que entren los equipos de rescate, detectar incendios de forma autónoma o supervisar zonas afectadas por inundaciones, como ocurrió durante la DANA. También están transformando sectores como la agricultura, donde facilitan la aplicación precisa de fertilizantes o fitosanitarios sin compactar el terreno, así como el control de fauna.

El siguiente gran salto, asegura, llegará en el ámbito de la seguridad privada. Desde la vigilancia de explotaciones agrícolas —especialmente frente al robo de aguacates, el conocido como el «oro verde»— hasta el transporte urgente de medicamentos o bolsas de sangre a hospitales, las posibilidades siguen creciendo.

Ese desarrollo irá acompañado de nuevas infraestructuras aéreas, las denominadas aerovías o sistemas U-Space, que permitirán organizar el tráfico de drones de forma similar a las autopistas para vehículos. No obstante, insiste en que ese crecimiento debe producirse con todas las garantías legales. «Hay que evitar cualquier intromisión en la intimidad de las personas. Por eso la formación y las autorizaciones son fundamentales», incide.

BlueDrone prepara ahora una nueva expansión con Canarias como enclave estratégico, donde espera instalar su sede principal por las especiales condiciones geográficas y volcánicas del archipiélago.

La empresa también trabaja en proyectos de responsabilidad social. Uno de los más inmediatos se desarrollará junto a Fundación ONCE para facilitar que personas con discapacidad física puedan formarse como pilotos especializados en inspecciones técnicas y acceder a nuevas oportunidades laborales.

Pese al crecimiento de la compañía, José Orozco no se plantea abandonar la Guardia Civil. Delegará cada vez más funciones en su equipo para atender el desarrollo de la empresa, pero mantiene intacta la vocación de servicio que ha guiado toda su vida: «Si me preguntan qué quiero ser, ¿guardia civil o empresario de drones?, lo tengo claro. Los drones me apasionan, pero al final siempre hay que tirar del corazón».

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