La paradoja de la desigualdad

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El Gobierno ha llevado al Consejo de Ministros un ambicioso cuadro macroeconómico que prevé un crecimiento vigoroso de la economía y trata de combatir las críticas sobre la escasa repercusión de éste sobre la riqueza de los españoles. El índice Gini, que mide la desigualdad económica, estaría ahora mismo en mínimos de los últimos 25 años y continuará en esta dinámica positiva durante el próximo lustro.
La métrica que ha recogido el Gobierno en su documento en sus previsiones refleja una realidad incontestable, pero también oculta una tendencia de consecuencias demoledoras para la sociedad. El índice Gini es en, en realidad, tres índices Gini. Del que presume el Ejecutivo es el que hace referencia a la renta y, efectivamente, cada vez es más igualitario como resultado de un ciclo virtuoso en el empleo y, fundamentalmente, del incremento artificial de los sueldos más bajos a través de las subidas del salario mínimo interprofesional. Mientras funcione éste funcionará el segundo Gini, que mide la igualdad en el consumo.
El mar de fondo, no para el Gobierno, sino para el conjunto de la economía viene con el llamado Gini de riqueza, que sufre una disrupción inédita. Éste índice no se centra en los ingresos de los ciudadanos, sino en lo que aporta su patrimonio. En lugar de fijarse en el flujo lo hace en el balance. Tradicionalmente, siempre ha sido un colchón de igualdad social puesto que la gran mayoría de las familias han sido propietarias de viviendas.
La métrica de la igualdad sobre la riqueza se resintió mucho durante la gran crisis financiera entre 2008 y 2014 como consecuencia de la caída del precio de los activos inmobiliarios, pero aún así actuó como soporte ante la enorme pobreza que generaba el desempleo.
La situación de hoy en día encierra una paradoja muy peligrosa. El Gini de la renta es muy igualitario, pero el que recoge la situación patrimonial está abriendo una brecha muy difícil de cerrar.
No sólo existen varias cohortes de españoles que no pueden incrementar sus activos mediante la adquisición de un inmueble, sino que también están consumiendo una parte cada vez más generosa de sus ingresos para pagar un alquiler.
El más desigual de los ginis amenaza con contaminar al resto, porque es más inercial y porque sus soluciones requieren mucho más plazo. Lo cual debería ser un incentivo para que los grandes partidos aparquen de una vez sus diferencias y alcancen un pacto de Estado.Uno y otro se pueden encontrar con una sociedad rota en dos.

 Actualidad Económica // elmundo

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