Liríope, la alternativa al césped que triunfa en los rincones con sombra

Para tapizar con plantas el suelo desnudo de un jardín hay muchas opciones. Atrás quedó la época en la que se recurría solo al omnipresente césped para cubrir amplias extensiones, fueran o no destinadas a solazarse y a jugar sobre él. Cuando se busca cultivar una alfombra densa bajo los árboles, al pie de los caminos sombreados, hay que pensar bien en la planta que resista esas condiciones más exigentes. Hay un buen puñado que son un clásico, como los distintos cultivares de hiedra (Hedera helix), la preciosa vincapervinca (Vinca minor), el lamio amarillo (Lamiastrum galeobdolon), el ofiopogón (Ophiopogon planiscapus)… lista a la que se puede añadir el liríope (Liriope muscari), otra planta todoterreno y de belleza contrastada.

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 Resistente y fácil de mantener, esta planta asiática todoterreno crece bajo los árboles, tolera las heladas y despliega cautivadoras espigas de flores lavanda desde mediados del verano hasta el otoño  

Para tapizar con plantas el suelo desnudo de un jardín hay muchas opciones. Atrás quedó la época en la que se recurría solo al omnipresente césped para cubrir amplias extensiones, fueran o no destinadas a solazarse y a jugar sobre él. Cuando se busca cultivar una alfombra densa bajo los árboles, al pie de los caminos sombreados, hay que pensar bien en la planta que resista esas condiciones más exigentes. Hay un buen puñado que son un clásico, como los distintos cultivares de hiedra (Hedera helix), la preciosa vincapervinca (Vinca minor), el lamio amarillo (Lamiastrum galeobdolon), el ofiopogón (Ophiopogon planiscapus)… lista a la que se puede añadir el liríope (Liriope muscari), otra planta todoterreno y de belleza contrastada.

El liríope es una planta asiática —proveniente del este de China, Corea y Japón— de la familia del espárrago, y se la podría considerar como un recurso de primera para rincones umbríos en los que se necesite una especie de confianza, que sobreviva a la sombra de los árboles que crecerán por encima de ella y a la competencia de sus poderosas raíces. Ese es su hábitat originario, por lo que es una especie que crece feliz bajo las copas arbóreas, incluso en zonas boscosas donde el bambú es el rey, donde consigue colonizar amplias zonas de cientos de metros cuadrados.

Esto es así gracias a su sistema radicular explorador y a la facilidad de la especie para ahijar y producir nuevas plantas alrededor de la madre. Además, esas raíces cuentan con una parte tuberosa blanquecina, a modo de órgano de reserva, donde almacenan agua y nutrientes por si llegan momentos desfavorables que comprometan su vitalidad.

Esta planta cubresuelos de excelente resistencia no solo es apta para jardines sombreados, sino que también es ideal para macetas, macetones y jardineras, en balcones, terrazas y patios interiores. Y tampoco necesitará de mucho espacio, gracias a su reducida altura de 30 a 40 centímetros. Las hojas acintadas verde oscuro aportarán su rozagante brío allá donde crezcan, y es una especie que, aunque no sea el foco de todas las miradas, servirá para engalanar a las otras compañeras. Por ejemplo, una aralia (Fatsia japonica) en un macetón, delante de la cual se pongan uno o varios liríopes en otros tantos tiestos, contará así con una orla que resaltará su belleza.

Eso sí, cuando el liríope se cría en macetas, es necesario dividirlo cada cierto número de años, para que el limitado espacio no se sature de raíces. En esta operación, se saca la planta y se hace una división de mata, cortando verticalmente toda la masa de hojas y raíces con unas tijeras o un cuchillo, hasta dejar una tercera o cuarta parte del volumen, para después replantarlo en el mismo tiesto. La porción sobrante se puede regalar a personas necesitadas de esta lindura.

Tanto en maceta como en el jardín, hay una tarea de mantenimiento que favorece tener solamente hojas nuevas todos los años, y que desecha la parte ajada por las condiciones atmosféricas y de cultivo. Consiste en recortar a ras de suelo las hojas, antes de que comience la brotación primaveral, entre febrero y comienzo de marzo; con este severo rapado, el liríope rejuvenece fácilmente su vegetación.

Ya se ha mencionado que es una planta que gusta de la sombra, pero soporta bien el sol, siempre y cuando no sea el más fuerte y prolongado de las horas centrales del día, que puede decolorar sus hojas acintadas. En zonas norteñas, de frecuentes días nublados en el verano y de humedad ambiental alta, es posible plantarla en sitios más soleados incluso.

El liríope disfruta de tierras ácidas o neutras, no así tanto de las alcalinas. Ese sustrato ha de tener siempre un punto ligero de humedad, con un excelente drenaje, aunque puede aguantar sequías que no se prolonguen en el tiempo. Asimismo, tolera heladas sin despeinarse, y, aunque sus hojas se dañen, resurgirá con nuevo follaje en la primavera.

Hay una época todos los años en la que los liríopes sí que se convierten en el centro de atención: cuando aparecen sus espigas florales. De color lavanda —en su tono más habitual—, emergen entre la maraña de hojas y cautivan incluso hasta a la persona más apática, con una magia difícil de transmitir si no se está delante de la planta para comprobarlo. Su periodo de floración se extiende entre mediados de verano y el otoño, por lo que aporta colorido durante muchas semanas. Este atractivo se verá alargado por la presencia de pequeños frutos esféricos negruzcos durante el invierno, como consecuencia de aquellas florecitas que se hayan fecundado.

Dentro de los cultivares y variedades de la especie Liriope muscari, hay una amplia gama con respecto a la longitud y anchura de hojas, al color de las mismas y al tono de las flores. El liríope ‘Big Blue’ es uno de los más populares, con aún más vigor, aunque si hay uno que sorprende por su tamaño es ‘Evergreen Giant’, cuyo nombre inglés ya lo dice todo: gigante. También hay liríopes de flores blanquecinas, como ‘Monroe White’.

Además, las hojas de esta especie pueden variar de colores en los cultivares ‘Variegata’ o ‘Gold-banded’, con rebordes blanquecinos o dorados, respectivamente. Uno sorprendente es Liriope muscari ‘Okina’, cuya nueva vegetación primaveral nace de color blanco, para evolucionar hacia el verde con el paso de las semanas.

¿Dónde disfrutar de los liríopes en la ciudad? Probablemente en un jardín botánico sea una planta que no falte, así como en aquellos parques urbanos grandes con espacios a la sombra. Habrá que fijarse en el sotobosque que se forme entre algunos árboles o en un arriate más umbrío. A lo lejos, si parece que hay unas bengalas violáceas que vuelan desde el suelo, entonces allí seguro que crecerá el liríope.

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