Lo que debemos seguir aprendiendo de Anna Bosch

Anna Bosh se ha jubilado de la televisión. ¿Y ahora qué hacemos? Porque Anna Bosch desde que llegó a Televisión Española a finales de los ochenta ha representado el futuro del teleperiodismo. Porque ella ha reunido en su trabajo televisión, periodismo y modernidad. Siempre.

Mientras que hay una escuela audiovisual que parece creer que el periodismo en tele es solo hablar, incluso predicar, Bosch aprendió rápido que la tele es el transparente arte de saber filmar. Por eso mismo, la recordamos. Por eso mismo, levantamos la mirada por sus crónicas. Por eso mismo, su voz representa la autoría que es sinónimo de credibilidad. Porque nunca repitió como un papagayo.

Al contrario, su trabajo es escuela del oficio del verdadero periodista: primero escuchar con una apasionada curiosidad, luego procesar lo escuchado con un lúcido temperamento y, después, narrarlo desde el argumento que comprende y jamás replica desde el automatismo. Así ha sido tan pedagógica en pantalla. Hasta en los silencios, dando valor al poderoso sonido ambiente que otros tapan para decir nada.

Ya fuera en la redacción, como corresponsal en Rusia, como reportera, como analista en la mesa de un especial del Telediario o encontrándotela en un tren camino de Barcelona, Anna Bosh siempre tiene activo un peleón radar que permite captar los matices que para otros son invisibles. Ahí marca la diferencia un buen periodista, en no dejar de pisar la calle y observar de frente a las personas que hacen la vida, pues para poder interpretar la política, la economía y todo lo que nos pasa hay que empezar por conocer la cotidianidad de la gente.

Y eso en las ambiciones excitadas de nuestro tiempo de likes e influencias de cartón piedra, a veces, se nos olvida. No a Ana Bosch, que ha conseguido ejercer este buen periodismo televisivo porque, además, es una gran amante de la creatividad televisiva. Permítanme una anécdota personal. Un día quedamos para desayunar Alejandro Macías, una de las personas que más sabe de la historia de la televisión en España, Anna Bosch y el que escribe estas líneas. Quedamos en una cafetería cerca del Pirulí que representa la pasión que nos une. En aquel encuentro, con el croissant enfrente, no debatimos sobre geopolítica internacional, no charlamos de los relatos de los argumentarios de los partidos, nos pasamos la mañana rememorando míticas actuaciones de la magia de la tele que nos trajo hasta aquí. De la RAI, de la BBC, de la nuestra. De las Raffaellas, de las Minas, de la interpretación con I de Imaginación.

Cuando terminamos comprendí por qué admiramos tanto a Anna Bosch. Porque Anna Bosch es lo que nos llevó a querer tanto la tele. A ella misma la tele la inspiró, como a nosotros, al descubrirla otros mundos que están en este. Con las canciones, con las series, con el periodismo. Y ella misma quiso estar a esa altura. Y lo consiguió, con la fórmula maestra: preferir el recorrido largo al atajo. Elegir las curvas de los contextos que te cruzas pateando, metiendo la cabeza en puertas entre abiertas, preguntando, dudando… Hasta lograr ser, en vez de solo estar detrás de una pantalla. El periodismo es mirar los ojos de la gente. Lo otro, termina siendo consumir un reality show de buenos muy buenos y malos muy malos. Una dinámica tan artificial y reduccionista que destruye los puentes, los rincones, las causas y las circunstancias. Lo que acaba deshumanizando realidades.

Anna Bosch ya no trabajará en TVE, pero continuará siendo esa entusiasta periodista del argumento desde el matiz, esa periodista independiente por antítesis de individualista. Que su expresiva curiosidad nos siga empujando hacia el futuro sensato que sigue y seguirá representando.

 La periodista se ha jubilado de TVE.  

Anna Bosh se ha jubilado de la televisión. ¿Y ahora qué hacemos? Porque Anna Bosch desde que llegó a Televisión Española a finales de los ochenta ha representado el futuro del teleperiodismo. Porque ella ha reunido en su trabajo televisión, periodismo y modernidad. Siempre.

Mientras que hay una escuela audiovisual que parece creer que el periodismo en tele es solo hablar, incluso predicar, Bosch aprendió rápido que la tele es el transparente arte de saber filmar. Por eso mismo, la recordamos. Por eso mismo, levantamos la mirada por sus crónicas. Por eso mismo, su voz representa la autoría que es sinónimo de credibilidad. Porque nunca repitió como un papagayo.

Al contrario, su trabajo es escuela del oficio del verdadero periodista: primero escuchar con una apasionada curiosidad, luego procesar lo escuchado con un lúcido temperamento y, después, narrarlo desde el argumento que comprende y jamás replica desde el automatismo. Así ha sido tan pedagógica en pantalla. Hasta en los silencios, dando valor al poderoso sonido ambiente que otros tapan para decir nada.

Ya fuera en la redacción, como corresponsal en Rusia, como reportera, como analista en la mesa de un especial del Telediario o encontrándotela en un tren camino de Barcelona, Anna Bosh siempre tiene activo un peleón radar que permite captar los matices que para otros son invisibles. Ahí marca la diferencia un buen periodista, en no dejar de pisar la calle y observar de frente a las personas que hacen la vida, pues para poder interpretar la política, la economía y todo lo que nos pasa hay que empezar por conocer la cotidianidad de la gente.

Y eso en las ambiciones excitadas de nuestro tiempo de likes e influencias de cartón piedra, a veces, se nos olvida. No a Ana Bosch, que ha conseguido ejercer este buen periodismo televisivo porque, además, es una gran amante de la creatividad televisiva. Permítanme una anécdota personal. Un día quedamos para desayunar Alejandro Macías, una de las personas que más sabe de la historia de la televisión en España, Anna Bosch y el que escribe estas líneas. Quedamos en una cafetería cerca del Pirulí que representa la pasión que nos une. En aquel encuentro, con el croissant enfrente, no debatimos sobre geopolítica internacional, no charlamos de los relatos de los argumentarios de los partidos, nos pasamos la mañana rememorando míticas actuaciones de la magia de la tele que nos trajo hasta aquí. De la RAI, de la BBC, de la nuestra. De las Raffaellas, de las Minas, de la interpretación con I de Imaginación.

Cuando terminamos comprendí por qué admiramos tanto a Anna Bosch. Porque Anna Bosch es lo que nos llevó a querer tanto la tele. A ella misma la tele la inspiró, como a nosotros, al descubrirla otros mundos que están en este. Con las canciones, con las series, con el periodismo. Y ella misma quiso estar a esa altura. Y lo consiguió, con la fórmula maestra: preferir el recorrido largo al atajo. Elegir las curvas de los contextos que te cruzas pateando, metiendo la cabeza en puertas entre abiertas, preguntando, dudando… Hasta lograr ser, en vez de solo estar detrás de una pantalla. El periodismo es mirar los ojos de la gente. Lo otro, termina siendo consumir un reality show de buenos muy buenos y malos muy malos. Una dinámica tan artificial y reduccionista que destruye los puentes, los rincones, las causas y las circunstancias. Lo que acaba deshumanizando realidades.

Anna Bosch ya no trabajará en TVE, pero continuará siendo esa entusiasta periodista del argumento desde el matiz, esa periodista independiente por antítesis de individualista. Que su expresiva curiosidad nos siga empujando hacia el futuro sensato que sigue y seguirá representando.

 20MINUTOS.ES – Televisión

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