Los hutíes, de milicia marginal a actor clave en la tormenta de Oriente Próximo

La milicia controla el noroeste de Yemen y ha desarrollado una red de producción propia que le permite resistir bombardeos y mantener su arsenal Leer La milicia controla el noroeste de Yemen y ha desarrollado una red de producción propia que le permite resistir bombardeos y mantener su arsenal Leer  

Al margen del bloqueo del Estrecho de Ormuz, los ataques contra Irán, Gaza, Líbano y los países del Golfo, se desarrollan desde hace semanas choques entre soldados yemeníes y los hutíes, la milicia respaldada por Teherán. Cientos de soldados han muerto en combate en el último mes, ante un avance de la milicia que intenta apoderarse de un territorio que le permita un mayor control sobre el mar Rojo. Los hutíes se han embarcado en la enésima escalada de tensiones en la región, lanzando un desafío contra Arabia Saudí -garante del Gobierno yemení- para consolidar su poder en Yemen.

El grupo armado surgió en este territorio fracturado hace más de tres décadas, como un movimiento religioso marginal que se ha transformado en una fuerte milicia, capaz de desafiar a coaliciones internacionales y perturbar el comercio global. Los hutíes, conocidos formalmente como Ansar Allah, son más que un apéndice de Irán en el llamado Eje de Resistencia: operan por su propios intereses y en el terreno militar, son cada vez más autosuficientes.

El grupo, que toma su nombre de su fundador, Husein al Huti, controla actualmente el noroeste de Yemen, incluida la capital, y gran parte de la costa del mar Rojo. Alrededor del 70% de la población del país vive bajo su dominio, donde ejercen un estricto gobierno de facto en el que los militantes recaudan impuestos e intentan recuperar la normalidad institucional tras una década de guerra que arrasó el territorio. Practicantes del zaidismo, una rama del chiísmo, los hutíes han impuesto una visión del mundo conspirativa y una represión sistemática sobre la población. Persiguen a minorías religiosas como los bahaíes y cristianos, además de imponer duras restricciones contra las mujeres, como obligarlas a viajar siempre con tutores masculinos.

Un informe de Human Rights Watch documenta detenciones y torturas arbitrarias de opositores políticos y una creciente persecución de trabajadores de organizaciones humanitarias internacionales. Varias investigaciones apuntan que en los últimos años, el grupo ha establecido campos de entrenamiento de soldados, en los que migrantes africanos son adoctrinados para unirse a las filas del grupo. Dentro del propio movimiento existen varias facciones, con una línea más dura que aspira a tomar el control de todo Yemen y continuar la guerra para desestabilizar a Arabia Saudí. Un ala más moderada, aunque debilitada, se muestra más pragmática en el trato con facciones rivales y está dispuesta a tender la mano a acuerdos políticos.

Lo que distingue a los hutíes de otras milicias de la región es su autosuficiencia militar. El grupo ha desarrollado una sofisticada red de producción local a partir de piezas obtenidas mediante contrabando, que le permite fabricar gran parte de su arsenal, incluso los temidos drones de fibra óptica, una tecnología prácticamente inmune a los sistemas de interferencia. La milicia ha creado una cadena de suministro y producción que incluye contrabandistas en Yemen y países del Cuerno de África, que tienen capacidad para producir y seguir abasteciendo al grupo, brindando autonomía respecto a su principal proveedor, Irán.

Esta característica ha permitido a los hutíes poder mantener su arsenal, a pesar de los bombardeos contra el grupo y de los intentos internacionales de cortar el suministro iraní. «Han sido capaces de recuperar capacidades que resultaron dañadas o destruidas, mucho más rápido de lo que la gente anticipaba», señala Peter Salisbury, de la Universidad de Columbia, a The Economist. El contrabando de armas, pero también de drogas para mantener su arsenal, ha diversificado las alianzas de los hutíes, estableciendo vínculos con otros grupos armados como Al Shabab, la principal filial de Al Qaeda en el Cuerno de África.

Estos entendimientos han generado debate entre los expertos sobre si la relación de los hutíes con Irán es más bien una subordinación o una alianza estratégica. «Los hutíes no podrían operar a este nivel sin las armas, entrenamiento e inteligencia iraníes», escribe Elisabeth Kendall, especialista en Oriente Próximo para la Universidad de Cambridge. «Pero no está claro que Irán tenga el mando y control directo sobre el grupo», advierte.

En octubre de 2023, los hutíes lanzaron una campaña de ataques con misiles y drones que puso en jaque el comercio marítimo en el mar Rojo, en un intento de boicotear la región en respuesta a la ofensiva israelí en la Franja de Gaza. No contentos con eso, en julio de este año volvieron a encender el territorio, con un desafío contra las fuerzas gubernamentales del país y su principal garante, Arabia Saudí. Los expertos apuntan que los hutíes buscan sacar partido de la situación regional para arrancar concesiones que se les resistieron durante la guerra civil -que dejó más de 150.000 muertos-, como el control de los yacimientos petrolíferos o una redistribución más favorable de los ingresos del Estado.

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