Le recetamos títulos de narrativa de ficción para ayudarle a reflexionar sobre los asuntos concretos que le esperan tras las vacaciones. Leer Le recetamos títulos de narrativa de ficción para ayudarle a reflexionar sobre los asuntos concretos que le esperan tras las vacaciones. Leer
Enhorabuena. Por fin tiene un poco de tiempo libre. Quiere descansar, pero aprovechando el tiempo. Perfecto. Justo tenemos por aquí unas cuantas mentiras bien empaquetadas para que se las lleve a su merecido destino vacacional. Eso que llaman ficción. Le relajará, le divertirá y… le resultará más útil de lo que cree: «Leer narrativa de ficción permite ensayar decisiones complejas sin coste real. La literatura puede llegar a exponer al directivo y a cualquier empleado a dilemas, ambigüedad y conflictos humanos que ningún manual reproduce del todo», dice Manuel M. Molina, vicedecano de la Facultad de Económicas y Empresariales de la Universidad CEU San Pablo.
Como sabemos que tiene poco tiempo, hemos querido ajustar lo máximo posible. Pedimos a dos académicos y dos directivos que escojan novelas concretas para situaciones concretas. La más habitual tiene que ver con el vértigo de una realidad cambiante hasta el extremo. Y ahí se impone El Gatopardo, de Giuseppe Tomasi di Lampedusa. Molina coincide con Eduardo López Santamaría, director de Fujifilm Imaging y Recording Media en España, que cree que la «famosa idea de que todo debe cambiar para que todo siga igual sigue siendo muy actual. Muchas organizaciones anuncian transformaciones, pero no siempre consiguen modificar realmente sus comportamientos». Que no nos den gato por liebre.
Aunque la favorita de López es La casa de los espíritus, «porque habla de poder, legado, cambio generacional y adaptación a contextos que evolucionan constantemente». Especialmente interesante para quien vuelva en otoño a «empresas familiares, pero también grandes corporaciones», que «pueden verse reflejadas en la tensión entre tradición e innovación». Y, sobre todo, para «directivos que estén gestionando procesos de transformación o sucesión. En esta fantástica novela uno puede visualizar a los empleados y sus principales skills: a los que son más creativos, o constantes, o racionales, o a los que las emociones les pesan sobre sus decisiones estratégicas».
María Paula Flórez Jiménez, de la School of Economics and Business de la Universidad de Navarra, propone La Comunidad del Anillo, de la trilogía El Señor de los anillos de J. R. R. Tolkien, para «reflexionar sobre cómo movilizar equipos diversos hacia un objetivo común, cómo mantener la esperanza cuando el camino parece incierto», y para «recordar que las personas aceptan mejor los cambios cuando comprenden para qué merece la pena hacerlo». Y para «el directivo que se siente estancado o que atraviesa un momento de replanteamiento profesional y personal», recomienda La muerte de Iván Ilich, de León Tolstói: «A lo largo de una carrera directiva es frecuente alcanzar metas que durante años parecían deseables como promociones, reconocimiento o estabilidad y, sin embargo, preguntarse si ese camino sigue teniendo sentido. Esta obra invita a reflexionar sobre el éxito, la autenticidad y el significado de una vida bien vivida, si estamos dedicando nuestra energía a aquello que realmente consideramos valioso o simplemente siguiendo expectativas externas de éxito».
Una vez replanteada la situación desde el muy existencial Tolstói, el siguiente paso nos lleva a una recomendación de Valeria Aragón, CEO de Eleva: El manantial, de Ayn Rand, «va de no diluir tu visión cuando todo el entorno te empuja a rebajarla, domesticarla o adaptarla a lo de siempre». Lo ve «especialmente útil para el directivo que se enfrenta a una fusión, a la presión de un consejo, a una cultura empresarial rígida o a ese famoso aquí siempre se ha hecho así. Testarudez que adquiere un toque ético con otra elección de Flórez: Matar a un Ruiseñor, de Harper Lee, ideal para «líderes que buscan hacer lo correcto aunque no sea lo más fácil ni lo más popular».
Molina, por su parte, recuerda la validez del Ensayo sobre la ceguera, de José Saramago, para «directivos en entornos altamente inciertos o en crisis», que necesiten «comprender el comportamiento real de las organizaciones bajo presión». Una circunstancia cada vez más habitual por la intensidad de los cambios tecnológicos, como sabe mejor que nadie Aragón, experta en IA Pedagógica. Por eso culmina este menú literario con Frankenstein: «200 años después, sigue siendo una metáfora potentísima para la era de la IA. No habla solo del monstruo: habla, sobre todo, de un creador que no se hace cargo de lo que crea. Es una lectura muy útil para quien está incorporando IA, lanzando un producto nuevo o impulsando innovación sin hacerse una pregunta previa: ¿qué estoy soltando al mundo y qué consecuencias puede tener?»
Lo importante era recordarle que, como apunta Flórez, «la ficción no sustituye el conocimiento técnico ni las herramientas de gestión, pero añade una dimensión complementaria en la formación del criterio directivo». Porque, «al exponer al lector a situaciones complejas, conflictos de valores y perspectivas diversas, enriquece la capacidad de juzgar, ponderar consecuencias y tomar decisiones en contextos donde no existen respuestas simples».
Aragón se rebela contra el estrecho criterio de este reportaje y recomienda el poema Si de Rudyard Kipling, porque «habla de mantener el pulso y la humanidad en esos días en que todo se tambalea». Arranca así: «Si puedes mantener la cabeza en su sitio cuando todos a tu alrededor / la pierden y te culpan a ti». Y termina con una gran promesa…
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