¿Qué Soto? ¿Qué Ayuso? ¿Qué invento es esto?

A todos nos gusta un chisme. A unos más que a otros. Al polemista Juan Soto Ivars, cuyo fichaje como columnista por ABC en septiembre mereció foto a media página en portada del venerable diario impreso en huecograbado, le encantan. Y los rentabiliza como él solo. La tarde de este miércoles, Soto, periodista y analista de actualidad en programas de prestigio como Horizonte, anunció en sus redes sociales la emisión en su canal de YouTube de un “comunicado oficial”, ilustrado con una foto suya junto a otra de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. Era un cebo grosero de tan evidente.

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 Isabel Díaz Ayuso ha negado reiteradamente cualquier relación sentimental con Juan Soto Ivars sin esconder que está molesta con esta historia. Él, sin embargo, está en su salsa. Al final, es lo de siempre.  

A todos nos gusta un chisme. A unos más que a otros. Al polemista Juan Soto Ivars, cuyo fichaje como columnista por ABC en septiembre mereció foto a media página en portada del venerable diario impreso en huecograbado, le encantan. Y los rentabiliza como él solo. La tarde de este miércoles, Soto, periodista y colaborador de programas de prestigio como Horizonte, anunció en sus redes sociales la emisión en su canal de YouTube de un “comunicado oficial”, ilustrado con una foto suya junto a otra de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. Era un guiño grosero.

Desde hace tiempo, había que estar muerto o en el exilio para no haber escuchado en los mentideros sociales, culturales y políticos madrileños el rumor de que Soto y Ayuso habían mantenido o estaban manteniendo un romance tras el divorcio confeso de él y la supuesta separación de ella. La última semana, el rumor se extendió a las redes sociales y algunos programas de corazón y variedades hasta ser el tema estrella de conversación hasta en las sacristías

Total, que, a las 16.30 de la tarde, hora anunciada por Soto para su parlamento, más de 3.000 personas, entre ellas la que firma, estaban esperando lo que tuviera que decir al respecto. Ya he dicho que a todos nos gusta un chisme, a mí la primera. No fue, sin embargo, hasta las 16.41, haciéndose esperar como las novias en las bodas, que su rostro nimbado por su lacia cabellera y su frente brillando cual faro de Alejandría apareció en pantalla, fumando como un carretero. Le acompañaba, en doble pantalla, comparatiendo estrellato, el youtuber Sergio Alberto Candanedo, conocido en redes como Un Tío Blanco Hetero, machista confeso, en plan diálogo entre ultramachos ibéricos chorreando esmegma. Soto lo negó todo, “encantadísimo con toda esta mierda”, y se presentó como víctima. Primero de una conspiración de la izquierda contra Ayuso y contra él, por supuesto. Y, después, de Miguel Ángel Rodríguez, jefe de Gabinete de la presidenta, que le tiene ojeriza a ratos. Y, todo, con gran profusión de exquisiteces verbales como “follar”, “tío”, “subnormal” o “pollas” y la participación estelar de algunos coleguitas de su panda, como la politóloga Estefanía Molina o el crítico cultural Alberto Olmos, interrumpidos cada 30 segundos por anuncios de todo pelaje y ofrendas de la audiencia para monetizar cada microsegundo el no romance.

A todo esto, atronaba mientras tanto el silencio de la omnipresente aludida. La presidenta Ayuso, personalmente y a través de sus portavoces, ha negado reiteradamente cualquier relación sentimental con Soto Ivars sin esconder que está molesta con esta historia. Él, sin embargo, está en su salsa. Se parte de risa, vamos. Al final es lo de siempre. Un señor presumiendo de pichabrava, aunque sea por omisión, y una señora aguantando el sambenito de promiscua, siendo o no santa de la devoción de la parroquia. Qué seborrea. Al lado de este grasiento sainete, brillan aún más dos momentos cumbre de la historia de España. Uno, cuando, en 1953, Luis Miguel Dominguín se levantó del lecho con el que acababa de yacer con Ava Gardner y salió corriendo a la calle para contarlo. Y otra, más reciente, cuando, en 2002 los periodistas cazaron a Sara Montiel casándose en un juzgado con el cubano Tony Hernández y, para que no le reventaran la exclusiva, Saritísima lo negó todo con la legendaria sentencia: “¿Pero qué invento es esto”. Pues eso. Que no avanzamos.

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