India consigue una tregua diplomática en los BRICS mientras crece la tensión en Oriente Próximo

La Declaración de Nueva Delhi se aprueba por unanimidad gracias a conceptos abstractos como el llamamiento a la «máxima contención» y el rechazo a los «actos unilaterales de guerra» Leer La Declaración de Nueva Delhi se aprueba por unanimidad gracias a conceptos abstractos como el llamamiento a la «máxima contención» y el rechazo a los «actos unilaterales de guerra» Leer  

Uno de los objetivos de India durante la celebración del foro de los BRICS este fin de semana era evitar que el conflicto en Oriente Próximo acabara fracturando la cumbre. El ejercicio de equilibrismo era obligado tras el bloqueo diplomático de mayo en la reunión de los ministros de Exteriores de los países miembros. La incapacidad de emitir un comunicado conjunto en aquel momento acentuó las divisiones internas por la guerra en la región. La gran anfitriona asumía este fin de semana la responsabilidad de acercar posiciones entre los Estados enfrentados de este grupo de países emergentes: Irán, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí.

Ese objetivo se cumplió este sábado y la Declaración de Nueva Delhi fue aprobada por unanimidad gracias a una fórmula de mínimos diseñada para que todas las naciones pudieran firmar el documento sin comprometer sus posiciones. Conceptos abstractos como el rechazo a los «actos unilaterales de guerra», el llamamiento a la «máxima contención», la ausencia de referencias directas a ninguna de las naciones implicadas en los combates y la defensa de las rutas comerciales fueron algunos de los puntos que permitieron sellar el acuerdo.

Este éxito también evidenció que de la retórica diplomática a la realidad sobre el terreno hay una inmensidad. Mientras Narendra Modi buscaba consenso, la inestabilidad en la región se aceleraba de manera dramática: Estados Unidos e Irán reanudaron las agresiones recíprocas en una guerra que ya dura seis meses; los rebeldes hutíes, alineados con Teherán, afianzaron sus posiciones en Yemen y en la región del mar Rojo, y Arabia Saudí anunció el cierre estratégico de su oleoducto Este-Oeste tras los ataques con drones procedentes de Irak, según confirmó el Ministerio de Exteriores saudí. De esta manera, Riad ha tenido que cerrar una infraestructura concebida precisamente para proteger sus exportaciones de la crisis en Ormuz, mientras los hutíes amplían su capacidad de presión en el extremo contrario de la ruta.

Por estas razones, para la anfitriona de la cumbre, el desafío va más allá de de llegar al quórum conseguido en la declaración conjunta. Se trata de mantener dentro del mismo foro a países enfrentados por una guerra que ya está alterando las rutas por las que circulan el petróleo, las mercancías y los barcos. El consenso sobre el papel no resuelve ninguna de esas fracturas, y aunque Nueva Delhi ha conseguido evitar que, al menos de momento, estas no afecten al funcionamiento de los BRICS, blindar el bloque no la inmuniza contra la crisis geopolítica.

La inestabilidad le afecta de lleno, ya que el crudo que esquiva Ormuz por tierra se topa ahora con el conflicto en el mar Rojo, desestabilizando dos estrechos clave para las rutas comerciales que Nueva Delhi necesita proteger. Precisamente, Modi ha basado su diplomacia durante la cumbre en esta preocupación. Durante su reunión del viernes con Masoud Pezeshkian, el primer ministro indio defendió que los conflictos deben resolverse mediante «diálogo y diplomacia» y reclamó que se garantice la libertad de navegación y comercio, además de la seguridad de los marinos.

El máximo mandatario iraní aprovechó su presencia en Nueva Delhi para insistir en que Oriente Próximo no necesita un «gendarme» estadounidense, y para defender que la seguridad regional debe quedar en manos de los propios países de la zona. China, por su parte, ha elevado el tono diplomático después de que Xi Jinping reclamara este viernes que los BRICS desempeñen un papel en la búsqueda de una salida al conflicto y ha advertido de que la guerra no responde a los «intereses comunes» de la comunidad internacional.

Además, Modi recibió el sábado al príncipe heredero de Abu Dhabi, Khaled bin Mohamed bin Zayed Al Nahyan, en otra demostración del delicado equilibrio que Nueva Delhi intenta mantener en la región, incentivando unos vínculos estratégicos que van desde Washington a Moscú y pasan por los países árabes del Golfo y por Teherán, con quien conserva una larga relación económica y geopolítica. Esto hace que su papel no sea el de un mediador neutral, sino el de una potencia que tiene mucho que perder cuando cualquiera de esos equilibrios se rompe.

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